La Guía Michelin ya ha anunciado los galardonados de 2026, y Barcelona consolida su liderazgo culinario con la entrada de dos nuevos restaurantes en la guía y la consolidación de tres establecimientos que alcanzan la segunda estrella. Fuera de la ciudad, La Boscana, en Bellvís (Lleida), completa la escena catalana con dos estrellas. Los seis representan formas singulares de entender la cocina de autor, con liderazgos sólidos y una clara vocación creativa.
Enigma, un viaje sensorial con ADN elBulli
El proyecto más personal de Albert Adrià gana su segunda estrella y se consolida como uno de los restaurantes más influyentes de la ciudad. En Enigma, cada detalle –desde el recorrido arquitectónico hasta el ritmo del servicio– está pensado para provocar emoción y sorpresa. El menú degustación, de 25 pases, evoca la memoria de elBulli y la transforma en una experiencia contemporánea llena de teatralidad y precisión (Sepúlveda, 38-40).
Mont Bar, alta cocina vestida de tapa
Lo que empezó como un gastrobar es hoy uno de los templos gastronómicos más sólidos de la ciudad. Con Fran Agudo al frente, Mont Bar ofrece una cocina lúdica y meticulosa, donde la creatividad y la ejecución van de la mano. El mochi de sobrasada y Mahón o las espardeñas a la carbonara son mucho más que platos sorprendentes: son pequeñas obras de ingenio gastronómico con sabor mediterráneo. La segunda estrella reconoce la excelencia de un formato híbrido que desafía etiquetas (Diputación, 220).
Aleia, creatividad contemporánea en un escenario modernista
Ubicado en la mítica Casa Fuster, Aleia es el resultado de la complicidad entre Paulo Airaudo y Rafa de Bedoya, que apuestan por una cocina de esencia contemporánea y refinamiento meticuloso. El menú degustación, discreto pero preciso, transmite una elegancia que huye del ruido y pone el foco en el producto y la armonía. La segunda estrella confirma el valor del equilibrio y de una expresión gastronómica serena (Passeig de Gràcia, 132).

Kamikaze, una oda irreverente a la fusión asiático-mediterránea
En un pequeño local del Eixample, el joven chef Enric Buendía firma una propuesta audaz y contundente, donde Japón y el Mediterráneo dialogan sin filtros. En Kamikaze, el mochi catalán con erizo, la gamba pandan o los espárragos con miso y fresa muestran una personalidad híbrida, valiente y cargada de identidad. Su primera estrella reconoce una cocina que rompe códigos sin perder la coherencia ni el rigor técnico (Rosselló, 197).

Scapar, un omakase con alma
Con solo una barra y la voz del propio cocinero como hilo conductor, Koichi Kuwabara propone en Scapar una experiencia íntima, efímera y radicalmente honesta. Formado en el restaurante Dos Palillos, Kuwabara conjuga el espíritu kaiseki con ingredientes del territorio y una puesta en escena sin artificios. Cada plato se explica, se escucha y se sirve con la sensibilidad de un maestro que entiende la cocina como transmisión cultural. Su estrella premia la belleza del silencio y de la precisión (Rector Ubach, 53).
La Boscana, una nueva estrella para Lleida
En un entorno natural que parece diseñado para la contemplación, Joel Castanyé articula en La Boscana una propuesta que fusiona la escenografía vegetal con una cocina de identidad rural. El jardín, el estanque, la sala y el plato forman parte de una misma coreografía, donde el producto local y el relato familiar pesan tanto como la técnica. Con esta segunda estrella, el restaurante de Bellvís pone el foco en el valor de la cocina de territorio y de la emoción sincera (Carretera Bell-lloc d’Urgell, Bellvís).
También hay espacio para el talento asequible
Más allá de las estrellas, la Guía Michelin 2026 también reconoce otra cara fundamental de la escena gastronómica: la cocina honesta, de proximidad y con precios contenidos. En esta edición, cinco restaurantes catalanes se incorporan a la categoría Bib Gourmand, una distinción que premia los establecimientos con buena relación calidad-precio y espíritu cercano.
En Barcelona ciudad, se suman Bardeni Caldeni, el veterano espacio carnívoro del chef Dani Lechuga, donde la brasa y el producto son el centro del relato (València, 454); Glug, una propuesta joven y espontánea de la pareja Iván García y Beatrice Casella, con cocina de inspiración global y atmósfera de bistrot contemporáneo (Viladomat, 289); y Oníric, un espacio dirigido por Jonatan Izquierdo y Laura Humanes con mirada poética, que apuesta por una cocina creativa y vegetal, con una carta corta pero llena de intención (Rabassa, 37).
Fuera de la capital, la guía incorpora Urbisol, el restaurante del hotel homónimo en Calders, que ofrece una cocina de montaña moderna, arraigada y accesible, rodeada de naturaleza (Carretera N-141 C, Calders); y L’Hostal de Ca l’Enric, una propuesta acogedora y familiar que mantiene viva la tradición del buen comer en la Garrotxa, con platos cocinados a fuego lento y mucho territorio (Carretera Camprodon N-260, La Vall de Bianya).
Una cocina que piensa, emociona y proyecta ciudad
Desde la teatralidad de Enigma hasta la introspección de Scapar, pasando por la fusión de identidades de Kamikaze, la expresión serena de Aleia, la sofisticación lúdica de Mont Bar y la conexión paisaje-emoción de La Boscana, todos los restaurantes reconocidos comparten un mismo hilo conductor: una mirada personal, un discurso propio y un compromiso con la excelencia técnica y narrativa.
Esta nueva hornada de estrellas confirma que Barcelona no solo es una ciudad con cocinas de prestigio, sino con proyectos que piensan, cuestionan y reinterpretan el papel de la gastronomía como lenguaje cultural. La Guía Michelin 2026 no hace más que certificar lo que la ciudad lleva tiempo cocinando: talento, coherencia y carácter.
